“Nosotros somos una parte de la Tierra” (22 de Abril, Día Mundial de la Tierra)
En el año 1855, el decimocuarto Presidente de los Estados Unidos, el demócrata Franklin Pierce, les propuso a los Duwamish que vendiesen sus tierras a los colonos blancos y que ellos se fuesen a una reserva. Los indios no entendieron esto. ¿Cómo se podía comprar y vender la Tierra?
El hombre no puede poseer la Tierra, como tampoco puede ser dueño del Cielo, del frescor del aire, del brillo del agua. El discurso de Seattle es importante porque presenta una visión del mundo y una manera de entender la naturaleza que hoy, tras los desastres ocasionados por el industrialismo, aparecen dotadas de una profunda sabiduría que marca para nosotros el camino a seguir si queremos salvar el entorno natural del que formamos parte y cuya destrucción implica necesariamente la e la Humanidad. Hace más de un siglo y medio que se elevó de entre los bosques vírgenes de Norteamérica la voz de un “salvaje” que no fue escuchada a tiempo y que hoy tiene para nosotros el valor inmenso de una lección que, si la escuchásemos, podría salvarnos.
Mensaje del Gran Jefe Seattle al Presidente de los Estados Unidos de América en el año 1855
Para él una parte de la Tierra
La Tierra no es su hermana,
Abandona la tumba de sus antepasados Él olvida las tumbas de sus padres, Hambriento, se tragará la tierra, (…) Lo que le acaece a la Tierra, Cuando los hombres escupen a la Tierra, Eso lo sabemos muy bien. (…) Consideramos vuestra oferta.
Consideraremos vuestra oferta Consideraremos vuestra oferta Nuestros hijos verán Después de la derrota (…) Pero, ¿por qué consternarse (…) También los blancos desaparecerán Pero al desaparecer Este destino es para nosotros
El final de la vida –y el comienzo
Y este motivo es un enigma
Quizá podríamos comprenderlo
Pues, ante todo, nosotros Consideraremos vuestra oferta. Quizá allí podamos acabar Cuando el último Piel Roja Pues ellos amaban esta Tierra, Si os llegáramos a vender
Y con todas vuestras fuerzas,
Esta Tierra es sagrada para Él.

no comprende nuestra manera de pensar.
es igual a otra, pues él
es un extraño que llega de noche
y se apodera en la Tierra
de lo que necesita.
sino su enemiga,
y cuando la ha conquistado,
cabalga de nuevo.
y no le importa.
Él roba la Tierra de sus hijos,
y no le importa nada.
y los derechos de nacimiento
de sus hijos. Trata a su madre,
la Tierra, y a su hermano, el Cielo,
como cosas que se pueden comprar
y arrebatar, y que se pueden vender,
como ovejas o perlas brillantes.
y no dejará nada,
sólo un desierto.
les acaece también a los hijos de la Tierra.
se están escupiendo a sí mismos.
pues nosotros sabemos que la Tierra
no pertenece a los hombres,
que el hombre pertenece a la Tierra.
Todo está unido entre sí,
como la sangre que une
a una misma familia.
Todo está unido.
Sabemos que si no os la vendemos
vendrá el hombre blanco
y se apoderará de nuestra Tierra.
Pero nosotros somos unos salvajes.
que va en pos de la posesión del poder,
ya se cree que es Dios,
al que le pertenece la Tierra.
¿Cómo puede un hombre
apoderarse de su madre?
de comprar nuestra Tierra.
El día y la noche no pueden vivir juntos.
de que vayamos a una reserva.
Queremos vivir aparte y en paz.
No importa dónde pasemos el resto
de nuestros días.
a sus padres sumisos y vencidos.
Nuestros guerreros estarán avergonzados.
pasarán sus días en la holganza,
y envenenarán sus cuerpos
con dulces comidas y fuertes bebidas.
por la desaparición de un pueblo?
Los pueblos están constituidos
por hombres. Es así.
y quizá antes que otras estirpes.
Continuad contaminando vuestro lecho
y una noche moriréis
en vuestra propia caída.
brillaréis por el fuego del poderoso Dios,
que os destinó a dominar
al piel Roja en esta Tierra.
un enigma. Cuando todos los búfalos
hayan muerto,
los caballos salvajes hayan sido domados,
y el rincón más secreto del bosque
haya sido invadido
por el ruido de muchos hombres,
y la visión de las colinas
esté manchada por los alambres parlantes,
cuando desaparezca la espesura,
y el águila se haya ido,
esto significará decir adiós
al veloz potro y a la caza.
de la otra vida. Dios os concedió
el dominio sobre los animales,
los bosques y los Pieles Rojas
por un determinado motivo.
para nosotros.
si supiésemos qué es lo que sueña
el hombre blanco,
qué ideales les ofrece
a los hijos en las largas noches invernales,
y qué visiones arden
en su imaginación,
hacia las que tienden
el día de mañana.
Pero nosotros somos salvajes,
los sueños del hombre blanco
nos están ocultos,
y porque nos están ocultos
nosotros vamos a seguir
nuestro propio camino.
estimamos el derecho
que tiene cada ser humano
a vivir tal como desea,
aunque sea de modo muy diverso
al de sus hermanos.
No es mucho lo que nos une.
si aceptamos es sólo por asegurarnos
la reserva que habéis prometido.
los pocos días que nos quedan
viviendo a vuestra manera.
de esta Tierra desaparezca
y su recuerdo sea solamente
la sombra de una nube
sobre la pradera,
todavía estará vivo
el espíritu de mis antepasados
en estas orillas y estos bosques.
como ama el recién nacido
el latido del corazón de su madre.
nuestra Tierra, amadla,
como nosotros la hemos amado.
Cuidad de ella,
como nosotros la cuidamos,
y conservar el recuerdo
de esta Tierra
tal como os la entregamos.
vuestro espíritu y vuestro corazón,
conservadla para vuestros hijos,
y amadla,
tal como Dios nos ama a todos.
pues hay algo que sabemos,
que Dios es el mismo Dios.
ni siquiera el hombre blanco
se puede librar del destino común.
Quizá somos hermanos.
esperamos verlo.