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La Coctelera

macunaima

14 Abril 2008

Interés

Podemos observar acudiendo a nuestros diccionarios cómo la palabra interés ha ido cediendo paso a los tiempos que corren. Así, María Moliner nos dice que interés nos remite, en primer lugar, a importar: actitud o estado de ánimo de alguien a quien le importa cierta cosa, siente curiosidad por ella o dirige la atención hacia ella. En cascada aparecen, tras esta principal y básica acepción, otras nociones más contemporáneas y economicistas; interés compuesto, fijo, nominal, intereses creados… Pero, si nos acercamos a su significado latino originario, la palabra interés nos remite a un vínculo entre dos o más cosas, a algo de uso o importancia común. Inter-est es lo que “está entre”; si nos referimos al interés de un pueblo o de una comunidad, entonces el interés será aquello que “está entre todos” o que es para todos o de todos. Por lo tanto, siguiendo ese hilo vemos cómo, el interés “privado”, excluyendo siempre el religioso, traicionaría el verdadero significado del término.

También el término economía parece haberse desviado su significado original. En esta ocasión, el prefijo griego oiko, casa, acompañado de nomos, nos da oikonomía: administración de una casa. Y dice M. Moliner; Economía: 1. Actividad de administrar y ordenar los ingresos y los gastos de la manera más provechosa; 2. Estado de riqueza de un país, de una persona o de una entidad cualquiera; 3. Economía política; y, 4. Prudencia y moderación en los gastos o conducta del que gasta poco. En el listado de sinónimos e ideas relacionadas aparecen, entre otros muchos, riqueza, capitalismo, crematística, renta, trabajo, negocio, crisis, etc., etc. Vemos que conviven significados muy diferentes, algunos incluso antagónicos.

Y como es probable que escuchar el nombre del viejo Marx provoque rechazo en más de uno, me remito otra vez a Aristóteles, figura amable donde las haya, para subrayar la misma cuestión y enlazar estas dos ideas:

“Pero existe otro tipo de arte adquisitivo, a lo que se suele llamar generalmente, y es apropiado llamarlo así, crematística, por el cual parece que no existe límite alguno a la riqueza ni a la propiedad. El primero (arte adquisitivo para las cosas de la casa y de la ciudad, que es natural) es por naturaleza, y este segundo, no, sino que más bien se desarrolla de una cierta práctica y técnica. (…)Una vez que se hubo inventado la moneda a causa de los cambios indispensables, surgió la otra forma de la crematística: el comercio de compraventa. Esto quizá se desarrolló al principio de modo sencillo, y luego, ya con la experiencia, se hizo más técnico, que variaba de objetos y de modos, con objeto de conseguir mayor ganancia. Por eso parece que la crematística se mueve sobre todo en torno a la moneda, y que su función es la capacidad de observar de dónde puede obtenerse una cantidad de dinero. También se considera muchas veces la riqueza como abundancia de dinero, porque en torno a él se produce la crematística y el comercio de compraventa. (…)Así que bien extraña es esta riqueza en cuya abundancia se perece de hambre, como cuentan en el mito de aquel Midas que, al cumplirse su deseo, convertía en oro todo lo que tocaba. Con este motivo otros buscan otra definición de la riqueza y de la crematística, y la buscan con razón. Pues es diferente la riqueza y la crematística según lo natural (la economía).” (Política, 1257a-1257b)

Interés, dinero, economía, crematística… La economía tenía y tiene un sentido noble: la administración ventajosa de una casa, de un pueblo y difiere de la mera riqueza como acumulación técnica de dinero, puesto que el dinero, la moneda, es un medio concebido para el intercambio de bienes. Quienes, como el rey Midas, cegados por la posibilidad de hacerse ricos (ser rico es otra cosa), olvidándose del interés común y atendiendo principalmente su interés privado, buscan transformar en oro todo lo que tocan, han de darse cuenta que el hambre es, nunca mejor dicho, el otro lado de la moneda. Quienes no gusten de la filosofía, viejo y antipático aguijón, pueden quedarse si lo prefieren con la moraleja del cuento.

Parece ser que esto es lo que está pasando con las arcas municipales. Hemos pasado del interés privado por el bien de todos y el efímero brillo clónico de las urbanizaciones a la inminente crisis bursátil municipal, de jugar al Monopoly, al clásico ahorcado en lápiz y papel, aunque sin pasar por la casilla de salida (dimisión). Y ahora sí. Ahora aparecen para la economía municipal, como por arte de magia, el resto de sus significados: ahorro, moderación, prudencia, buena administración, colaboración, participación… ahora el interés es de todos.

P.S.: “¡Que tantos esperen vivir de la suerte y así tener el modo de encargar el trabajo a otros menos afortunados y todo ello sin aportar nada a la sociedad! ¡Y a eso le llaman un negocio! No conozco desarrollo más sorprendente de la inmoralidad en el comercio y en los demás procedimientos habituales para ganarse la vida.”

Henry Thoreau, Desobediencia civil y otros escritos.

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