Hace unos años viví en Lisboa. Llegué cansada después de mucho y la ciudad me recogió, me cuidó, me sanó y me devolvió alegre al lugar del que había venido. Dicen que los portugueses son tristes y lo son, que son místicos y lo son, que son apocados, educados, un poco distantes... tan distintos a nosotros, sí. Pero yo viví y reviví en Lisboa. En la voz de Camané, de Amalia,de Carlos do Carmo...
Viví oyendo las historias de mi amiga Ester, mi vieja compañera de piso -ochenta y largos, viendo novelas brasileñas, leyendo a Pessoa, a Carlos Drummond de Andrade, bailando coladera y comiendo bacalao y mucho arroz. Y reviví como revive la ciudad, agrandando el corazón de todo aquel que se le entrega.

saudades...