"El olvido, dice el poder, es el precio de la paz, mientras nos impone una paz fundada en la aceptacion de la injusticia como normalidad cotidiana. Nos han acostumbrado al desprecio de la vida y a la prohibición de recordar. Los medios de comunicación y los centros de educación no suelen contribuir mucho, que digamos, a la integración de la realidad y su memoria. Cada hecho está divorciado de los demás hechos, divorciado de su propio pasado y divorciado del pasado de los demás. La cultura de consumo, cultura del desvínculo, nos adiestra para creer que las cosas ocurren porque sí. Incapaz de reconocer sus orígenes, el timepo presente proyecta el futuro como su propia repetición, mañana es otro nombre de hoy: la organización desigual del mundo, que humilla a la condición humana, pertenece al orden eterno, y la injusticia es una fatalidad que estamos obligados a aceptar o aceptar.
(A fines del siglo dieciocho, los soldados de Napoleón descubrieron que muchos niños egipcios creían que las pirámides habían sido construidas por los franceses o por los ingleses.
A fines del siglo veinte, muchos niños japoneses creían que las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki habían sido arrojadas por los rusos.
En 1965, el pueblo de Santo Domingo resistió durante ciento treinta y dos noches la invasión de cuarenta y dos mil marines norteamericanos. La gente peleó casa por casa, cuerpo a cuerpo, con palos y cuchillos y carabinas y piedras y botellas rotas. ¿Qué creerán, de aquí a un tiempo, los niños dominicanos? El gobierno no celebra a la resistencia nacional en un Día de la Dignidad, sino el Día de la Confraternidad, poniendo un signo de igual entre quienes ha´bian besado la mano del invasor y quienes habían puesto el pecho a los tanques.)
(...)
Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron."
Categoría: mis libros
Acabo de terminar esta maravilla que os recomiendo. Es la historia de dos jóvenes muchachos, hijos de profesionales liberales, que son enviados al campo para ser "reeducados" por los campesino, pues al ser hijos de intelectuales se les considera peligrosos para la sociedad. Una vez allí participan de la vida y el trabajo campesino, del que les encomiendan las peores tareas. Conocen en el poblado vecina a la hija de un sastre, de la que ambos se hacen muy amigos. Uno de los muchachos cambiará la vida de la joven y de la de parte del pueblo gracias a sus dotes de narrador...
Os incluyo un peq. fragmento. La historia tiene una narración sencilla y conmovedora. No sabía muy bien que escoger, pero me quedo con este párrafo porque aunque, quizás no sea tan bello, recoje el núcleo de la denuncia.
"Dos palabras sobre la reeducación: en la China roja, a finales del año 1968, el Gran Timonel de la Revolución, el presidente Mao, lanzó cierto día una campaña que iba a cambiar profundamente el país: las universidades fueron cerradas y los "jóvenes intelectuales", es decir, los que habían terminado sus estudios secundarios, fueron enviados al campo para ser "reeducados por los campesinos pobres" (...) Nos negaron la entrada en el instituto y nos obligaron a cargar con el papel de jóvenes intelectuales a causa de nuestros padres, considerados enemigos del pueblos... Mis padres ejercían la medicina.