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La Coctelera

macunaima

Categoría: artículos de Ginés Rosa

28 Abril 2008

Cuba libre

Cuba libre, por favor”

Ginés Rosa

Resulta sarcástico el contenido del primer paquete de “libertades ciudadanas” que el castrismo acaba de adoptar como medida de buena fe y expresión de los “cambios” que el gobierno cubano está dispuesto a llegar en 2008, a 50 años de distancia del inicio de la Revolución cubana.

El pueblo cubano, querido, admirado y siempre en el corazón de los españoles por muchas y poderosas razones, da sopas con honda a sus gobernantes, que se ponen cáusticos como la sosa anunciando estas medidas sin que el rubor les queme. Desde ahora el secuestrado pueblo cubano, capaz de aguantar carros y carretas, a tirios y a troyanos, a güelfos y gibelinos por su especial forma de entender la vida en alegría, ingenio para enfrentarse a carestías y adversidades, se asoma al mundo de las “libertades” gracias al “talante aperturista” de Raúl Castro, aprovechando que Fidel puede dedicarse ahora a ver telenovelas venezolanas o a revisar sus infinitos discursos –las famosas “Reflexiones de Fidel”-, que, en el medio siglo de revolución, ha llegado a largar hasta 1.096 discursos, que he tenido el gusto de contar con bellas guajiras de fondo, para no desfallecer, y que en buena parte usted puede consultar en español, inglés, francés, portugués, italiano, árabe, ruso y alemán en el periódico cubano “Granma”.

Las primeras medidas han levantado la veda de móviles, videos, ordenadores y esas cosas que los cubanos han tenido prohibidas para no estar en contacto con el exterior y conservar así en su pureza los valores de la revolución, que para eso la hicieron. Otra medida es la de permitir a los cubanos hacer noche en los hoteles de la isla, antes sólo reservado a los extranjeros mediante pago en dólares.

Anunciaba que la cosa iba de sarcasmo, ya que esto es lo más parecido al burro detrás de la zanahoria alrededor de la noria. Los precios de estos aparatos son absolutamente prohibitivos para las escuálidas economías de este sufrido pueblo caribeño que reserva los pesos para su arroz, sus frijoles, sus plátanos y su pollo, ya que la leche sólo es para los niños. Pero nunca deben faltar los pesos para el ron. Los cubanos sin ron, como los rusos sin vodka, los centroeuropeos sin cerveza, los franceses sin vino y los ingleses sin té, no serían los mismos. Así que móviles, videos y ordenadores seguirán estando fuera del alcance de los cubanos. Y en cuanto a los hoteles, a los cubanos del bohío (“el que siembra su maíz, el que siembra su frijol”, como dice una conocida salsa) y los que habitan en las desvencijadas casas que se caen de puro abandono por falta de medios para hacer chapuzas, les pone al pairo.

Otra medida es la posibilidad de dirigirse al único periódico de la isla, “ Granma ” (nombre del yate en el que desembarcaron Fidel y el Ché Guevara el 2 de diciembre de 1956 para iniciar la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista), y dar su opinión sobre algunas cuestiones. ¿Y de qué van a opinar sino de lo mal que están las cosas en la isla: de que faltan medicamentos, de que hay que soltar un buen puñado de dólares para poder viajar y volver, y que en caso de salir definitivamente tu casa pasa a poder del Estado, y que si tienes una vaca en tu bohío no la puedes vender, y que la cartilla de racionamiento es la referencia del consumo, y lindezas por el estilo?

Confieso que Cuba es país de todas mis simpatías. Hablo del pueblo y de su cultura, no de la dictadura castrista, que en algunas cuestiones fue incluso peor que la de su antecesor Batista, que tenía la isla como un corral de los Estados Unidos pero donde la vida era muy distinta a la de ahora. A España siempre le sucedió lo mismo. Recordemos que una de las peores tragedias de la historia de España fue la pérdida de las últimas colonias, a final del siglo XIX, Cuba entre ellas. Los españoles todavía sentenciamos: “más se perdió en Cuba”.

El pueblo cubano, hostigado por los gobiernos norteamericanos que años de aislamiento y de castigos a la isla en todas las formas posibles han dado paso a una enorme cohesión de la población en torno a Fidel y frente al vecino gigante, bien merece que inicie la marcha hacia la normalización de su vida política, económica y social. Pueblo limpio donde los haya, de vena musical como pocos en el mundo, filón de deportistas, país de enormes recursos turísticos, con La Habana una de las más hermosas ciudades de toda América, la Siboney que se encontró Colón en su segundo viaje en 1493, tiene que sacudirse de estos fundamentalistas de una revolución que ya deben pasar a la reserva, devolver al exilio la posibilidad de encontrarse con su hermosa isla y permitir, en fin, que Cuba se incorpore a un mundo de libertades donde, seguramente, tendría no pocos problemas, pero romperían unas cadenas que no permiten vivir, pensar, respirar en libertad. A la salud de la isla y de sus gentes, y por su futuro, me voy a tomar un “Cuba libre”.

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24 Abril 2008

La pandilla

EL PATIO: La pandilla


Sin duda alguna, el Ayuntamiento de Totana está gobernado por una pandilla al frente de un iluminado por el espíritu santo, pero con minúscula. Una pandilla que vuelve la espalda a hechos tan serios como que el alcalde que aderezó el guiso del Plan General de Ordenación Urbana para servir a la carta a mandarines nacionales y regionales del ladrillo, con la ayuda de algunos pinches de cocina que hoy siguen con el nuevo cocinero, otro que tal guisa, haya tenido que rascarse los bolsillos y reunir la tontería de 200-000 euros 200-000 por presuntas irregularidades en torno a lo que el pasado viernes, a la traicionera hora de las 8.00 de la mañana /esto es, con “mañanidad” y alevosía) aprobaban sus componentes en un acto todo lo legal que ustedes quieran pero también bochornoso, irresponsable y hasta irreverente.
Una pandilla que, teniendo al frente a un excarcelado (que también se rascó el bolsillo para poder salir a la calle) se permite presumir de que han “conseguido 10.000 votos de apoyo” (¡cuanta inocencia y desfachatez!) y eso les da derecho a abochornar a su pueblo, a sus gentes, a la democracia, a la justicia y al sentido común.
Una pandilla que cuando dejen de pertenecer a ella volverán al pelotón y posiblemente sean señalados con algún dedo por haber formado parte de los que se aferraron a un asunto tan feo, tan sucio, tan oscuro y tan denigrante que cuesta trabajo pensar que haya sacerdotes que recen a favor del delito, ciudadanos que se manifiesten y aplaudan hechos tan graves que han merecido una temporada de cárcel no prolongada en ambos casos por haber soltado la pasta salvadora, como así contemplan nuestras leyes, leyes que son aplaudidas en estos casos por los mismos que denuestan las que conducen a los infractores a la cárcel, así de sencillo y contradictorio.
Una pandilla que anda jugando con el porvenir de Totana, poniendo en manos de los que les importa un pimiento el equilibrio del futuro para nuestro pueblo la posibilidad de cubrir de cemento parajes de campo, sierra y donde haya que llevar las excavadoras, engañando al personal con pan para hoy y hambre para mañana.
Una pandilla que piensan que la mayoría absoluta es hacer lo que les venga en gana, aunque las manzanas están bastante podridas y es muy probable que se les indigeste a más de uno, empezando por los “ilustrísimos señores” alcaldes, sobre todo el que tenemos en ejercicio, un caso nacional de caradura política que pasará a la historia, a esa triste historia de Totana, que ha empezado a escribirse con esta pandilla.
Una pandilla, en fin, que sitúa a Totana en una posición bochornosa por el ridículo que estamos protagonizando desde que se destapó la “operación Tótem” que no ha dejado de expandir sus efluvios por un pueblo que no se merece tanto fundamentalismo político, tanta ignorancia, tanta irresponsabilidad y tanta osadía por parte de esta pandilla gobernante.
Ginés Rosa

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11 Abril 2008

"El oficio de alcalde"

Ginés Rosa. (11/04/08)
El safari de alcaldes de la Región de Murcia acaba de cobrarse una nueva víctima –el de Torre Pacheco, otro “buen chico”, a juicio de los vecinos-, que, ingresado en la reserva carcelaria de Sangonera, ha arrastrado a la cúpula de Polaris World, dueño y señor de todos los terrenos de cacería de la zona, con lo que la lista de alcaldes imputados se acrecienta y llega ya a los 16 (15 del PP, 1 del PSOE, ¡vaya por Dios!).
El asunto devuelve nuestra atención, en concreto, al caso del alcalde de Totana, con una trama digna de kilométrica telenovela, y en general al resto de la tropa de primeras autoridades encausadas por un ancho espectro de delitos que están poniendo en seria cuestión el concepto que siempre se ha tenido de lo que representa la figura del alcalde.

El oficio de alcalde siempre nos pareció muy digno, honroso y lleno de matices que lo convierten en una figura de gran representatividad y noble dedicación. En el siglo XVIII, tras los Decretos de Nueva Planta, la nueva organización territorial de los Reinos Hispánicos tras la Guerra de Sucesión a la Corona de España, vinieron los Alcaldes Mayores, ciudadanos de carrera, preferentemente abogados y algo ilustrados en cuestiones de armas, que se hicieron cargo de los Ayuntamientos, ejerciendo desde sus adecuados conocimientos.

En Totana, la Alcaldía Mayor se creó el 27 de noviembre en 1713. El alcalde era nombrado directamente por el rey. El primer Alcalde Mayor de la villa de Totana, con los cargos de Juez de Residencia y Capitán a Guerra, fue don Jerónimo Osilia y Rayo. Con la dedocracia franquista, llegaron a las alcaldías los adeptos al régimen, uniformados con la camisa azul. Como había que reconstruir España y tirar hacia adelante “por la patria, el pan y la justicia” (sobre todo, por el pan, que era con lo que se podía mojar en la “fritá”y engañar al hambre en que nos sumió la cruenta guerra civil, que le salió de sus bolines a Franco) pues no había tiempo ni dinero, ni ansias, de pensar en otras cosas, hasta que con el correr de las décadas llegamos a la fiebre del ladrillo, momento en que algunos de nuestros alcaldes empiezan a hacer de las suyas y, por tanto, a denigrar las instituciones con sus malas artes.

Y en estas andamos. En muchos casos, ciudadanos de absoluta mediocridad, sin preparación adecuada para gobernar la complejidad que ofrece el día a día de una población, saltan a la alcaldía de la mano de ideologías políticas que buscan los intereses de su clase empresarial y de negocios, finalizando algunos, como el alcalde de Totana y ahora el de Torre Pacheco, en la cárcel. Estos alcaldes, al margen de lo que la justicia sentencie al final del proceso, denigran la institución municipal, ensucian el buen nombre del oficio de alcalde y dan, de propina, una visión nefasta de la comunidad que, por las razones que fueren, los apoyan o los soportan desde que empezaron a percibirse los efluvios de los tarros de las esencias correspondientes a cada uno de los municipios imputados. Y, sin embargo, pese a las graves imputaciones, buena parte de sus pueblos los aclaman, montan plataformas, organizan misas y hasta hacen pucheros por los micrófonos. Nada mejor que un estómago agradecido.

Contrasta que pueda impedirse la presentación a la elección de alcalde el sólo hecho de tener una multa de tráfico pendiente de pago y, sin embargo, no pueda ser fulminado en su puesto por haber estado en la cárcel y estar imputado por los cuatro puntos cardinales del delito administrativo y otros castigos que estamos cansados de repetir en estos artículos que, entre otras cosas, tratan de denunciar posturas tales como la indignidad, la desfachatez, con sus sinónimos ‘descaro’ y ‘desvergüenza’, de quien sigue ostentando un cargo público basado en la confianza y en la honradez y que, por su parte, lo asume como una prebenda de un partido político que prácticamente lo ha desahuciado y despreciando la honorabilidad de un oficio tan antiguo, tan noble y tan representativo.

En Totana y en otros lugares de la Región de Murcia, el oficio de alcalde está, como se dice, “a la altura del betún”. Y conste, una vez más, que aquí no echamos sentencias a nadie, que eso lo harán los jueces. Hablamos de responsabilidades políticas, que esta tropa no está dispuesta a asumir. De lo que ya estamos hartos, “ilustrísimos señores” alcaldes.

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11 Abril 2008

"Totaneras, premios y política educativa"

Ginés Rosa

Totana, que viene siendo noticia desde diciembre pasado por la estrepitosa situación de su Ayuntamiento y sus inquilinos (el culebrón en torno al alcalde, severamente expedientado y en libertad bastante condicionada; secretaria circulando bajo fianza, arcas en estado de coma, diversas actuaciones que rozan el ridículo, la venganza y la desvergüenza política...), se sacude por unos momentos su triste mediocridad y nos regala la buena noticia de que varias ciudadanas de este malparado pueblo de mis amores han proyectado un poco de luz tras conseguir valiosas distinciones en diversos campos de actividad.

Ante todo, hay que decir que al tratarse de personas de ideología progresista, así como el protagonismo de asociaciones anti-urbanismo salvaje (los enemigos a batir por el fundamentalismo gobernante en Totana) no han recibido ninguna clase de eco por parte de medios y autoridades locales.

Totana, tras este largo periodo de mediocridad, ve cómo Catalina Parra, conocida poetisa totanera, es galardonada con el Premio Internacional de Poesía “Miguel Hernández” (12.000 euros y la publicación de su libro “Coma idílico” por una editorial de primera línea). Por su parte, Marcela Crespo, argentina afincada en Totana, amenazada por alguna tropa de vecinos por sus actividades informativas, ve gratificados sus muchos esfuerzos por su lucha por la preservación del medio ambiente y las raíces culturales murcianas con el “Premio Boina 2008”, concedido por la prestigiosa coordinadora “La Región de Murcia no se vende”, que ni todos los medios de comunicación locales tributarios al poder ni las descalificaciones más groseras y deleznables por parte del pepé, huestes y mesnadas en pleitesía, han podido hacer mella en su buen nombre, sus nobles objetivos y su impecable trayectoria. Marcela lo dijo: “No nos callarán porque tenemos libertad”. E hizo un significativo gesto troceando con sus manos un ejemplar del Plan de Ordenación Urbana de Totana, el documento reo del tejemaneje del partido gobernante. Y finalmente, dos totaneras más, Francisca García López y María Alonso Tudela, pedagogas del Instituto E.S. Prado Mayor, han visto premiado el proyecto de la primera con el Premio “Pizarra de Plata” al esfuerzo y valores en la educación, por la Comunidad Autónoma.

Hasta aquí, la triple buena noticia de lo que constatamos como una corriente de aire fresco en medio de esta etapa estigmatizada por la avalancha de presunta corrupción levantada por la autoridad judicial, que en mi pueblo se trata de encubrir con argumentos donde el surrealismo se ve mezclado con la más pedestre ignorancia, una especie de fe ciega y tribal y unas ansias de revanchismo político que sólo se sostienen desde posiciones ultras.

El esfuerzo y los resultados obtenidos por este grupo de mujeres de formación tan dispar contrasta con la cicatera política educativa de nuestro Ayuntamiento, que con un presupuesto total de 2.400 euros se permite la jeta de montar un programa de “premios educativos”, que llaman “certamen”, como si se tratara de habaneras, con premios de 600 y 300 euros, con fotos de autoridades, canapés, folletos, etc., todo incluido.

Un Ayuntamiento que se permite echar millones a la olla dando al pueblo soberano sus mejores ejemplos de “panem et circus” con sus conocidas versiones de “paellas y votos” o “roscón y votos”, que con el anterior alcalde, actualmente en expectativa de destino, llegaron a alcanzar posiciones culminantes en el comedor de campaña del pepé totanero, esto es, la plaza de la Balsa Vieja (¿le cambiarán algún día el nombre?), dedica 400.000 pesetas 400.000 a su raquítica política de incentivos educativos, poco más, o quizá menos, de lo que cuesta tirar cohetes y alguna traca en honor de Santiago Apóstol en sus fiestas (Santa Eulalia hay que dejarla siempre aparte). Es la clásica política de repartir trocitos de tarta para que asociaciones, colectivos, medios de comunicación. etc. vayan tirando y, a cambio, se cuente con actitudes tales como el silencio, la adulación, el apoyo incondicional, la ausencia de crítica, el chaqueteo descarado, puesto que, en caso contrario, la vaca deja de dar leche. Lo último en economía totanera lo acaba de anunciar el alcalde, que no tiene la suficiente vergüenza y ética políticas para marcharse (dice que se queda hasta que los jueces ordenen lo contrario, ¡¡¡toma ya!!) y hace sonar los tantanes convocando a la oposición para estudiar su “plan de reactivación económica”, aquel que nos anunció desde su mística cárcel, y que, como su nombre indica, evidencia una gestión negativa al frente del gobierno municipal cuyos milagros dependían directamente de los convenios urbanísticos, por los que andan tan desmadrados.

Enhorabuena a estas totaneras que con su alto nivel y su notable esfuerzo han destacado por encima del triste panorama que se ha instalado en Totana desde que nuestro Ayuntamiento, por culpa de los continuos desatinos que en él tienen lugar, anda como la copla: de boca en boca.

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11 Abril 2008

"Totana, un mal trago"

Ginés Rosa. (01/04/08)
Los procesos judiciales por presuntas corrupciones en materia urbanística iniciados contra los dos últimos alcaldes de Totana, ambos del pepé -a cada uno, lo suyo-, unidos a los resultados electorales locales del 9M, han desembocado en Totana en un ambiente socio-político que tildaríamos de irrespirable en un pueblo que se caracteriza por sus fragancias de azahar que bajan de sus hermosos huertos y dan a sus noches un embrujo especial. Totana, pueblo donde tradicionalmente la mayoría del personal dice “no querer saber nada de política”, ha perdido el traste y el compás y se ha situado fuera del tono habitual de lo que es una simple confrontación entre partidos que no debería ir más allá.

Presidido por la falta de dignidad de un alcalde que ha perdido los cuatro puntos cardinales de la política y que, en su particular y variopinta interpretación de la realidad circundante, se resiste a dimitir a pesar del lastre que viene arrastrando y que no suelta ni a la deriva, el ambiente político de Totana se ha trastocado en una especie de sacrosanta cruzada de la derecha, muy alejada de los manuales al uso, que nos están convirtiendo en una comunidad digna de un profundo análisis sociológico.

Lamento decir que en mi pueblo este ambiente viene cargado de ciertas actitudes de orden tribal y de naturaleza sectaria, debido, en buena parte, a los profundos rasgos de clientelismo fomentados por la derecha gobernante (basta mirar el grosor de la nómina municipal, uno de sus grades viveros de votos), a un concepto de la política heredado de la época franquista y a dominar las viejas artes de la engañifa, mediante una descarada actitud para dar la vuelta a las cosas. Hay que reconocer que saben hacerlo a la perfección.

En mi pueblo, insisto, que está siendo intoxicado por posicionamientos políticos ultras, rico nutriente para enfervorizados seguidores que lo están llevando al descrédito general, buena parte del personal se jacta de que, “teniendo en cuenta los resultados de las últimas elecciones”, cada vez “quedan menos rojos en Totana”, sin caer en la cuenta de que, al ser ellos más, la situación se empeora de forma considerable. Claro que en España no sólo han aumentado los rojos, sino que no hay más remedio que aguantarlos otros cuatro años más. Porque, aunque el tango en la voz de Gardel diga aquello de “que 20 años no es nada”, en política cuatro años y con rojos en el poder, son demasiados. Demasiados para la derecha, claro.

Paralelamente a este enrarecimiento ambiental, el alcalde, que algún día tendrá que rendir cuentas de sus extravagancias, sigue encabezando la corriente de surrealismo popular instalada en Totana y ejerciendo, impertérrito, su pintoresquismo como “autoridad”, muy en línea con la situación a que ha dado lugar su terquedad. A su proverbial avidez por presidirlo todo y salir en la foto, sin advertir el rechazo que provoca en tantos lugares que no están por la labor, hay que añadir los bandazos de una serie de actuaciones en temas municipales que rozan lo rocambolesco. Y es que, metidos ya en primavera, podríamos decir que el alcalde de Totana ha perdido el vernal y el sentido de la orientación en materia política, en la que no es, precisamente, un ejemplo a seguir.
Mal pintan las cosas por Totana entre cruzadas contra los rojos, plenos de pura pirotecnia a costa del contribuyente por la “defensa” de una serie de comercios defensores de la cruzada pro-alcalde, objeto de una lista que circula por foros y chats sin mayor trascendencia; alcalde contumaz, indigno ostentador de un cargo que está denigrando por su atasquería y falta de ética; malos gestos entre vecinos que los de un lado tratan de enfrentar políticamente, con Totana de fondo, que sigue sirviendo de referente en España a la pregunta nacional “¿pero qué pasa en Totana?” o esa otra de “pero ¿es cierto lo del alcalde?” Y la gente, como dicen por ahí, se rula, por no decir una ordinariez.

Y, mientras tanto, el resto de Totana, los que se toman el asunto desde posiciones más juiciosas y encajadas en la realidad objetiva, asisten a esta penosa historia entre la indignación, el asombro, la vergüenza, el miedo y, a veces, la indiferencia. O sea, a tragar. ¿Hasta cuando?, pregunto.

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11 Abril 2008

"El lenguaje de las urnas"

Ginés Rosa. (13/03/08)
Las urnas electorales han puesto en boca de todos una conocida expresión: se dice que hablan, de ahí el “lenguaje de las urnas”. En una cosa nunca se equivocan: que dan la victoria al partido que más votos consigue, y es que con mucha frecuencia los votos no explican toda la realidad política del momento. Habría que decir que las urnas tienen, por encima de todo, su lógica interna, una especie de alógica que desborda razonamientos, el sentido común y, en general, los acontecimientos.
hecho tristemente famosa por culpa del censurable comportamiento político del partido que la gobierna desde el Ayuntamiento, a la vista de los resultados electorales, acaba de premiar con los votos a la entidad que anda metida en el pringue de la corruptela urbanística, a cuya cabeza figura un ocho veces imputado alcalde que, en puesto de ir sorteando su cuestionado cargo y nombre al frente de un consistorio que merece mejor inquilino, hace ostentación pública de sus miserias políticas y se prodiga en actos de todo carácter, cuando el sentido común aconseja no hacer ostentación de su condición de excarcelado bajo fianza millonaria, mucho menos cuando se es alcalde, todavía.

Totana, tras las elecciones, se reafirma todavía más, mucho más, diría yo, en su condición de sociedad que premia a los corruptos. No hay más que mirar la aplastante victoria de la derecha en las urnas de Totana, aunque no se trate de una contienda municipal. La referencia más clara de la antítesis de esta paradoja política la encontramos en Los Alcázares, donde la población ha castigado al pesoe tras lo sucedido con su ex-alcalde socialista. Pero, claro, en Totana somos muy distintos y aquí premiamos al partido acusado de corruptela en las personas de un diputado y ex-alcalde y a su sucesor por cuestiones urbanísticas que no se sostienen y que el consistorio actual quiere aprobar como sea, sin importarle miles de alegaciones y los hechos gravísimos, pendientes de sentencia, en torno a estas dos personas, una de ellas oficialmente engalanado con la aureola de la corruptela.

Me da que pensar esta respuesta colectiva en una situación tan vergonzosa para el consistorio totanero, donde la palabra “delito” revolotea por encima de sus tejados. Me da que pensar que buena parte de mis paisanos, alentados y sumidos en las prácticas políticas de un partido desleal, mentiroso por vocación y oficio, que persigue el poder sin importarle las formas y los instrumentos a contribución, han aclamado (¡¡¡!!!) con sus votos el pasado domingo una situación digna de estudio sociológico, castigando a los que no han hecho otra cosa que criticar una nefasta política urbanística y combatir, como tiene que ser, las actividades delictivas de los políticos de cualquier signo, santo y seña.

Me da que pensar, por último, un equipo de gobierno que se permite el lujo de montar un pleno exclusivamente para tratar del asunto de la lista de comercios totaneros, como si estos señores del pepé fueran los adalides de la libertad y los derechos ciudadanos, ellos, que no saben respetarlos o se han burlado de tantas cosas: ley de dependencia, educación de la ciudadanía, ley de oportunidades, etc. Miles de euros para montar este pleno rocambolesco, dislate nacido en un partido sin puntos cardinales, en vísperas de las elecciones, despreciando la libertad de los ciudadanos de hacer las listas que les vengan en gana (yo me pronuncié con mi opinión en contra de esta práctica), olvidando que la patronal pepera hizo lo propio y con carácter nacional con los productos catalanes... Y, de paso, haciendo, una vez más, el ridículo ante la sesuda opinión pública.

Las urnas han hablado, ya lo creo. En Los Alcázares y en Totana, por poner un ejemplo manifiesto. Junto a las tranquilas aguas del Mar Menor, el pueblo soberano ha enarbolado un voto de castigo, mientras que en Totana al personal le ha dado por premiar a los que están acusados de corrupción y otras lindezas.

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11 Abril 2008

"Un alcalde para la eternidad"

Ginés Rosa. (13/03/08)

Acabamos de leerlo. El alcalde de Totana, el único en activo en España con experiencia carcelaria durante su mandato, imputado por ocho delitos que buena parte del pueblo totanero se resiste a homologar, con permiso de circulación peatonal a precio de millones de las antiguas pesetas, obligado a presentarse en el Juzgado por razones de pura y simple desconfianza de los jueces, el alcalde de Totana, digo, a menos de 48 horas de conocerse los resultados de las elecciones, ha lanzado una nota de prensa que bien merece pasar a la antología de los textos políticos de la España una, grande y libre.

Queridos amigos, nuestro alcalde (el mío es el de Murcia pero como mis raíces son muy fuertes con Totana no tengo inconveniente -es un decir- en asumir semejante relación) ha dicho que no piensa dimitir dados los extraordinarios resultados de las elecciones en Totana, “que avalan su gestión municipal”, y donde el pepé no sólo ha arrasado sino que parte de sus fieles y aguerridas huestes, según leo y escucho por esta ladrillolandia murciana, ya están poco menos que pensando en organizar un Tedeum de acción de gracias porque los “rojos” son cada vez menos en el pueblo.

Ante semejante salida de tono, habría que recordarle varias cosas al señor alcalde: 1ª. Que las elecciones eran generales y el personal se jugaba gobernar España y no el tristemente famoso pueblo de Totana; 2º. Que el susodicho justifica el no dimitir por unos miles de votos (los que sean) que iban destinados al partido que lo ha expulsado y al que, por supuesto, ya no es el suyo; 3º. Que, haciéndose el listillo, el aludido alcalde toma el rábano por las hojas, le pone puertas al campo y se pone a garvillar el agua y lanza un mensaje que me parece una auténtica tomadura de pelo a todo el pueblo, a la esencia de la democracia, y, por extensión, a toda la Región de Murcia, boquiabierta y culicerrada ante semejante derroche de surrealismo y visión futurista del personaje totanero.

La decisión de dimitir como alcalde, que es lo más decente, sensato y ético, políticamente hablando, que podía haber hecho desde su excarcelación, vista su negativa, públicamente difundida para general conocimiento del españolito que vienes al mundo, te guarde Dios; una de las dos Españas ha de helarte el corazón, con permiso de Machado, se convierte en una interpretación tan surrealista que alguien podría pensar en el posible poder de las urnas para solventar causas judiciales como la ya conocida en toda España, con islas adyacentes y antiguas plazas de soberanía, del alcalde de Totana, que, en una curiosa versión del Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como, se ha hecho su guiso con su correspondiente aderezo y se lo ha zampado él solito, más ancho que el noble campo de Totana que lo vio nacer.

Totana, lamentablemente, es un pueblo con una larga historia de consentimientos y hechos tristes. Veamos y consideremos: que al hotel de La Santa le cuelguen el cartel de “monasterio”, dándole una coz a la historia y a la verdad porque así se le pasó por el albedrío a la empresa encargada de su gestión; que, años atrás, el partido de la derecha, entonces en la oposición, organizara una manifestación contra la coalición gobernante por la subida de impuestos, con un fin de fiesta que incluía el asalto al Ayuntamiento, intentos de agresión al alcalde socialista y otros zafarranchos; que tengan colgada en el balcón del Ayuntamiento la burlesca pancarta del agua para todos, la mejor engañifa jamás contada al pueblo murciano; que la derecha vaya entonando por Totana y en otros sanedrines cantares de gesta por las hazañas del alcalde, cuyo único delito ha sido, según la vox populi, hacer “favores” al sufrido pueblo, como si fuese el santo del día... Y ahora, lo de “no voy a dimitir” porque así entiende que en este sentido se ha expresado el pueblo soberano. Amén.

Ahora mismo no acierto a ver los perfiles exactos de cómo pasará a la historia el alcalde de Totana. Pero estoy seguro de que en otra época algo más romántica y ensoñadora que la actual, al asunto, desde sus esperpénticos inicios, le habrían sacado cantares de ciego, coplillas de mercado, pliegos de cordel, estampas religiosas, folletines por entregas, aleluyas, letrillas y romances. La cosa no es para menos con un alcalde para la eternidad.

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11 Abril 2008

"La revolución de la derecha"

Ginés Rosa. (03/03/08)
Ya está por ahí circulando el último invento de la derecha, con sabor a “revolución”, para servir de introito a sus mítines de campaña. A mí me parece muy bien que la derecha española, cuando besa es que besa de verdad, sin frivolidad, como la famosa copla, y que recurra a la mercadotecnia para atraer votos de donde sea, como sea y al precio que sea, incluso mintiendo a toda máquina y echando humo, al grito de “¡Más madera!”, como el tren de los hermanos Marx en el Oeste.
De pronto, atacados de un virus que los ha inflamado de justicia social, solidaridad nacional y otras fiebres terminadas en “itis”, como xenofobitis, zapateritis, “desertitis”, etc., la patronal conservadora, sin haberse curado todavía de la gastritis (la “bajera”, que dirían en la huerta de Murcia) que le produjo las últimas elecciones, anda por ahí alardeando de su “revolución” y de su marea incontenible, sin que falte el contraste entre el folletín de la niña de Rajoy y la acidez mitinera del señor Aznar, absorto más en su condición de comisionista de la pela mundial que de ex-presidente de un país que le vino demasiado grande para sus cortas hechuras.

Esta “revolución” de cartón y papel de periódico, que nos llega en espumante estado gaseoso, hay que enmarcarla dentro de la tradicional vocación de la derecha a recurrir a cualquier término, a cualquier visión profética catastrofista, a la mentira sin paliativos y con mayúsculas, sin el menor reparo ni respeto (no ya hacia los que tienen enfrente sino, lo que es peor todavía, hacia los propios que les aplauden hasta con las orejas), con numerosas incursiones en el terreno de la vileza con tal de sacar votos, sin observar cuestiones tan de respetar como la ética, la verdad, el despropósito, la negación de la evidencia...

La derecha, que busca cobijo en la abstención, sabedora de que le beneficia, quiere impresionar conjugando el verbo ”revolucionar” pero a su modo y manera porque ya me dirán qué revolución es aquella que rechaza a los inmigrantes, se opone a la ley de igualdad de oportunidades, boicotea la asignatura de educación para la ciudadanía, llama analfabetos a los niños andaluces, se arrebuja en las faldas de sus eminencias reverendísimas, que piensan que están viviendo una nueva cruzada franquista. Una “revolución” especializada en entorpecer cualquier labor del Gobierno, llámese incluso ley de dependencia, búsqueda de la paz frente a los terroristas, y hasta encubrir bajo sus siglas a sus políticos corruptos. Una “revolución”, en fin, que suspira por tiempos pretéritos, a golpe de pito, que sigue prometiendo agua para todos sin soltar una gota para que España verdee con campos de golf para ejecutivos, sin dar cuartel a sus odiados rojos que gobiernan, aunque sí cobertura a la corrupción urbanística repartida por buena parte de la geografía nacional, con la Región de Murcia ocupando puestos de “champions”.

En esta “revolución” de salón de té y minué deben figurar algunas de las cosas que están sucediendo en Totana. Una “revolución” que permite a un alcalde excarcelado seguir en su puesto, mientras parte del pueblo lo ensalza por su condición de preso, ya que, en su peculiar doctrina y catequesis, aquí sólo es delito robar o, valga la expresión, “aproximar el cazo”. La vieja España, que no sale de su asombro ante tan deplorable y rocambolesco bodrio político, ya se refiere al “caso del alcalde de Totana”, dejando el “tótem” a un lado. No es para menos. Las cosas, por su nombre.

Caso éste que no tiene nada que ver con ese antiguo y conocido dicho de “El alcalde de Totana, que se murió de pena porque a un vecino le hicieron un chaleco corto”, que encontramos en los manuales de expresiones populares sobre los pueblos españoles, aludiendo al inusitado interés y el sentimiento de aquel alcalde por su prójimo. Dicho que podríamos extrapolar a los sucesos de Totana a tenor de los juicios –algunos, regocijantes- vertidos por sus seguidores en su intento de rechazar y condenar su proceso de encarcelación, muy cercano a posiciones surrealistas, metiendo en el mismo saco condenatorio popular a jueces, tribunales, cuerpos especiales de la Guardia Civil, prensa canallesca, oposición, ciudadanos de izquierdas, gente de a pié que pasaba por allí, el apuntador y hasta el mismísimo sursum corda, amén.

En un periodo tan “revolucionario”, tengan especial cuidado porque en estas circunstancias suelen rodar cabezas, así que hagámonos a un lado para que no nos pille esta coyuntura de cambios tan profundos y sesudos como se nos anuncian con la “revolución” de la derecha.

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